Preocupación Total con las Niñas y su Obsesión con el Peso

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En estos días estuve con unas personas, y tuve la oportunidad de oir a una niña de 11 años decir que una amiga suya le había dicho que estaba gorda. Por esta razón esta hermosa pequeña (que además está en su peso ideal, con la altura y el tipo de cuerpo concorde a su edad), no iba a comer de las papas que todos nos estábamos sirviendo. Dicho sea de paso, yo me estaba sirviendo papa, porque era de esa papa pequeña que es de moderado indice glicémico.

El punto es que sigue mi preocupación, porque son cada vez más los casos y a cada vez más temprana edad que las niñas están tomando decisiones alimenticias erradas, en función a su edad, composición corporal y moda. Niñas que preocupadas por su supuesto sobrepeso, dejan de comer alimentos, pero eso si, comen dulces, bebidas con gas y azúcar y otro tipo de comidas sintéticas. Y después de esto las niñas se sienten mal porque comieron dulces. Y sus amigas les van a seguir diciendo que están gordas, cuando se trata de niñas completamente en su peso ideal.

Las niñas que ya están más avanzadas en su adolescencia están entonces decidiendo ser vegetarianas, pensando que esa es la solución para estar flacas. Existen muchos casos de niñas anémicas por la falta que les hace la carne animal y el hierro que tiene.

En fin, creo que la preocupación es total, y es muy importante educar. Tanto para que los niños tengan hábitos saludables de alimentación, como para que sepan cómo cuidarse, y que su linea de nutrición no sea la amiga que le recomiende la dieta milagrosa que bajó de internet.

La solución comienza por casa. Tantas y tantas personas que me dicen “de algo me he de morir” y por eso no tienen pensado hacer cambios en su alimentación. Ahora mi discurso cambia: “No lo hagas entonces por ti, hazlo por el ejemplo que le das a tu hijos”. Es tan grave las enfermedades relacionadas con el sobre peso, como las enfermedades relacionadas con la desnutrición (anorexia, bulimia). El ejemplo arrastra, por eso invito a los papás a que comencemos a optar por hábitos saludables, pero hacerlo divertido y lúdico. Dejando a un lado las prohibiciones (porque estas se vuelven más atractivas) y más bien ayudando a que los niños y adolescentes tengan un balance en su bioquímica, en sus hormonas, para que el mismo cuerpo sea el impulsor de las buenas decisiones en la alimentación. Por ejemplo, el niño que se acostumbra a tomar mucha agua, difícilmente toma mucha gaseosa. Prefiere hidratarse con agua, y por la actividad física su cuerpo sabe que el agua es la mejor decisión.

Por eso, el siguiente plan es enfocarnos en los papás, para que estos a su vez enseñen con el ejemplo y traigan a casa un estilo de vida saludable. Hay que salvar a nuestros hijos.

 

Con Cariño,

 

Catalina A.

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