El Cuerpo Nunca Miente
Este artículo lo escribí para una revista española en el 2012. Lo estaba leyendo y quise compartirlo con ustedes!
El Cuerpo Nunca Miente
“El cuerpo nunca miente”, esto lo decía Martha Graham, bailarina y coreógrafa, mujer a quien admiro mucho.
Tenía razón, el cuerpo nunca miente, es maravilloso: con el simple hecho de analizar la figura de una persona, el color de su piel y dónde se le acumula la grasa, podemos tener un buen diagnóstico de la salud de esa persona.
La figura de una persona muestra la manera como su cuerpo acumula la grasa, con lo que se puede saber qué tipo de desbalance hormonal tiene.
Si acumula grasa en el abdomen es una clara señal de exceso de insulina y testosterona; si además acumula grasa en las caderas, es una clara señal de un desequilibrio de estrógenos; grasa en la sección media de la espalda, significa exceso de testosterona y/o insulina.
Por otro lado, la piel es la puerta de entrada para conocer la salud de una persona. Una piel reseca, maltratada y de color pálido es la señal de una mal nutrición o de algún otro padecimiento. El cuerpo maneja un sistema de prioridades y cuida nutrir sus órganos vitales antes que la piel. Por lo tanto, si existe un déficit de micronutrientes o si existe la necesidad de dosis altas de estos por una enfermedad, el cuerpo prefiere dejar a la piel en último lugar y ocuparse de otros órganos vitales.
La manera en cómo come una persona también es una buena pista; si la persona “inhala” su comida en lugar de masticarla bien, toma agua o bebidas carbonatadas junto con su comida y no come vegetales, probablemente está absorbiendo muy poco de los nutrientes que su cuerpo necesita y que están en la comida. Por lo tanto existe una mal nutrición, además de que probablemente la persona está desarrollando sensibilidad a los alimentos.
“Dime cómo están tus hormonas y te diré quién eres” es una frase que oí esta semana y que resume la importancia de mantener un balance hormonal óptimo para gozar de salud verdadera.
La manera como una persona acumula grasa dice mucho de los desequilibrios hormonales que tiene.
La siguiente tabla muestra la ubicación de acumulación de grasa en el cuerpo y las hormonas que están siendo afectadas.
Lo que he visto en mi experiencia, es que un gran porcentaje de la población está produciendo mucha insulina, más de lo que el cuerpo puede manejar. Y esto lleva a otros desbalance a hormonales que ponen en jaque nuestra salud y la posibilidad de bajar de peso.
¿Por qué la insulina?, ¿por qué cada vez hay más personas enfermas y obesas en el mundo? ¿Por qué cada vez veo más personas con exceso de grasa en el abdomen?
Hoy en día estamos expuestos a fuentes de comida procesada (panes, sopas, aderezos de ensalada, etc.) que utilizan procesos de conservación que están afectando nuestra salud.
En los años 70, el Dr. David Jenkins descubrió que existen alimentos que se digieren con mayor rapidez (esto aparentemente suena como a buenas noticias, pero lejos de eso afecta nuestra salud). Al digerirse con mayor rapidez, y por el tipo de procesos que tienen estos alimentos, están disparando los niveles de azúcar en sangre más rápido y con mayor intensidad. Nuestro cuerpo no está acostumbrado a esto, y tiene sus mecanismos de defensa.
Al disparar los niveles de azúcar en sangre, el cuerpo produce insulina, pero como produce mucha, rápidamente caen los niveles de azúcar en sangre produciendo lo que conocemos como hipoglicemia. Tener los niveles de azúcar muy altos o muy bajos es muy peligroso para el cuerpo y el cerebro. Entonces, cuando están altos, el cuerpo se defiende produciendo insulina. Y cuando están bajos el cuerpo se defiende y manda una instrucción de que quiere más comida… eso se conoce como sensación de antojo.
Muchas personas han logrado identificar que cuando comen un panecillo dulce, por ejemplo, a la hora u hora y media sienten hambre, y sólo se les antoja otro panecillo, un chocolate, una galleta, etc. Otras personas lo que sienten es una sensación de cansancio infame.
Esto sucede porque cuando comemos un alimento como una galleta, arroz, papas, etc. se disparan nuestros niveles de azúcar en sangre. Cuando esto sucede el cuerpo libera insulina en grandes cantidades para bajar esos niveles. Aquí es donde sucede una hipoglucemia o niveles bajos de azúcar en sangre. Aquí es donde nuestro cuerpo pide más azúcar porque ahora le hace falta
Este sube y baja de azúcar durante todo el día, durante todos los días, tiene importantes repercusiones en la salud, desde inflamaciones, detrimento del sistema inmune o que por más que los intentamos, no logramos bajar de peso.
¿Por qué? Porque entre más haya azúcar en la sangre y más haya producción de insulina, el azúcar o glucosa que la insulina transporta deja de depositarse en los músculos y se convierte en grasa.
Si los músculos no reciben glucosa, sus receptores se van inflamando y cerrando; su capacidad de recibir glucosa se disminuye y el único lugar donde puede depositarse es en las células grasas, que también tienen receptores (tanques) de insulina. Aquí es donde las personas se les detecta una resistencia a la insulina, ya que sus receptores de insulina donde se deposita la glucosa, en músculos, se bloquean.
¡Aquí es donde una caloría ya no importa! Porque cuando tienes resistencia a la insulina, por más lechuga que comas y por más ejercicio que hagas, la lechuga (al igual que vegetales y frutas) es carbohidrato que, de todos modos, se convierte en azúcar. Y si el azúcar no se va a los músculos, se convierte en grasa.
La insulina en exceso bloquea la eliminación de la grasa y promueve la acumulación de grasa en el abdomen.
Le doy mucha importancia a controlar la producción de insulina y a mantenerla en niveles estables, porque en el momento que una persona inicia un programa de alimentación y de salud para controlar los niveles de insulina, es el comienzo para controlar otras hormonas como los estrógenos y como consecuencia la progesterona y la testosterona. Al controlar el estrés glicémico, mientras se mantienen los niveles de azúcar en sangre estables, se controlan hormonas como el cortisol y la adrenalina. Además con un programa óptimo de alimentación, ejercicio, respiración y hábitos de sueño, controlamos la producción de serotonina y melatonina; en fin todo está conectado.
Por supuesto, cuando controlamos nuestros niveles de azúcar en sangre a través de nutrición óptima y balanceada y reforzamos con suplementos alimenticios que a la persona le hagan falta, nuestro cuerpo estará bien nutrido, nuestros órganos vitales estarán “alimentados” y funcionando bien, nuestro sistema inmune tendrá la fortaleza y los nutrientes para defenderse y, por ende, nuestra piel también estará bien nutrida.
En resumen, para moldear nuestro cuerpo y controlar la acumulación de grasa en lugares indeseables, la solución no es echarse a la pena o echarle la culpa a nuestra genética (aunque sí tiene que ver). Sin embargo, podemos poner nuestra genética a nuestro favor y no en nuestra contra, al adquirir hábitos de salud y de alimentación que permitan tener óptima salud y balance hormonal.
Obtener y mantener un equilibrio hormonal, trae tantos beneficios de salud que vale la pena intentarlo. ¿Cómo?
- Cuidar la alimentación de manera que sea de bajo índice glicémico en todo momento.
- Cuidar la manera de comer, masticar muy bien los alimentos, no consumir agua con la comida, consumir mucha agua entre comidas.
- Adoptar buenos hábitos de sueño, no acostarse después de cenar, dormir entre 6 y 8 horas.
- Hacer una desintoxicación para mantener la salud del hígado óptima.
- Entrar en un programa de ejercicios que incluya ejercicios de fuerza y resistencia, con ejercicio cardiovascular, además de promover la buena respiración con ejercicios como el yoga.
Si adoptamos estas pautas como un estilo de vida, en seis meses nuestro cuerpo comenzará a cambiar, y en un año nuestro cuerpo gritará ¡salud!
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